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viernes, octubre 03, 2008

Ojo con la autoridad que se insuflan los adultos respecto de los recién llegados

A los 16 años, justo antes de comenzar tercero de bachillerato, sentía curiosidad por empezar las clases de Filosofía. Quería saber de qué hablaban los filósofos. Me pareció interesante y curiosa la forma de entender la vida o vivirla de algunos, pero me defraudó sobremanera comprobar la importancia que se le otorgaba a Platón y su mito de las cavernas. Me decepcionó observar que, casualmente, el cristianismo y el platonismo tuvieran un denominador común tan crucial como la existencia de un mundo perfecto ajeno al nuestro. Precisamente, ansiaba conocer puntos de vista diferentes al del cristianismo en lo que se refiere a la existencia. Debido a mi sorpresa por la coincidencia el profesor de filosofía me explicó entonces que el cristianismo bebió del platonismo. Mis dudas y sospechas sobre el cristianismo ni menguaron ni aumentaron. Mi semilla ateo/agnóstica provenía de años atrás. Fui educado de niño en un colegio confesional. La religión estuvo presente (no omnipresente) durante toda mi infancia. Fue en aquellos momentos iniciales y claves de mi construcción personal, cuando nos explicaban parábolas, cuando demonizaban otras religiones y excluían a los fieles de otras confesiones de la salvación, cuando hablaban de limbo, de cielo, de castigo eterno y/o de milagros, fue entonces -digo- cuando ya me asaltaba en la mente la idea: "¿Y si no es verdad lo que me explican?" Razones para pensar así no me faltaban, como es lógico. Sólo una me hacía recular, a saber: cómo iba a ser posible que los adultos se equivocaran, que personas mayores, hechas y derechas, vivieran en ese error durante tantos años; por lo demás, no podían engañarme en algo así, me decía a mi mismo. Quizás, una mayor seguridad en mí hubiera bastado para ya entonces haberme enmendado del error. De todos modos, ¿cómo iba a pensar que aquellas personas, mis maestros -por entones se les respetaba y la profesión disfrutaba de cierto prestigio social-, me explicaban aquello porque precisamente, como bien había juzgado con apenas 10 años, se lo creían y vivían en un error? (Ya de... adulto he comprobado como también existen los que mienten a sabiendas) .

martes, septiembre 23, 2008

Contra la mota de polvo

La historia es aquello que nos cuentan unas personas sobre el pasado. Nos relatan su punto de vista. Porque la Historia es un conjunto de hechos objetivos imposibles de tomar tal cual, sin subjetivarlos, al igual que sucede con nuestro presente (ahí tenemos como ejemplo la subjetividad de los medios de comunicación). En esta historia, además, no caben la mayoría de acontecimientos, que han jugado un papel clave en la formación del presente y a los que, sin embargo, se les atribuye un papel ínfimo, cuando no superfluo. Si algo hubiéramos modificado de nuestro pasado, por pequeño que fuera, desconocemos qué cambios habría en la actualidad, y si serían como los que ahora consideramos de calado, o bien como los mal llamados superfluos. Digo mal llamados superfluos porque, precisamente, éstos conforman las miríadas de variables no tomadas en consideración que han desembocado en nuestro presente (cada uno el suyo). Para explicar la Historia habría que vivirla de nuevo y para ello necesitaríamos infinidad de eones, pues tendríamos que sentirla desde los ojos de trillones de existencias pasadas. Y aún así…

Nadie puede asegurar que su existencia/paso sea una mota de polvo.

El humano, más que ser, pasa. Nuestras construcciones soportan mejor el paso del tiempo, aunque finalmente acaben pereciendo (sólo genes y especie ganan la partida a nuestras edificaciones físicas o intelectuales). Llegamos a la Historia, agitamos brazos y piernas, gritamos, acusamos, decimos: “¡Pardillos, así no!”. Total, la cagamos, como el que más, y nos marchamos, la nada nos llega a todos. Pese a todo, prefiero pasar como humano a ser pirámide. ¿Seguro?

jueves, junio 12, 2008

La inteligencia

La inteligencia es una capacidad de la existencia para conseguir un objetivo a través de unas estrategias. No atañe sólo al ser vivo, ni mucho menos al autoconsciente, sino a la existencia. La inteligencia está. Es. Será más o menos inteligente, más o menos aguda, en función del tiempo que tarde en alcanzar la meta propuesta. A no ser que, precisamente, la tardanza sea también propósito. Por lo demás, fijar el objetivo es muy subjetivo.

¿La evolución es inteligente, según esta definición? Me temo que sí, pero poco inteligente, aunque no mucho menos que nosotros, los autoconscientes. La evolución tiene un objeto: sobrevivir. Y se sirve de un método, ensayo-error, conjugado con la presión que ejerce el medio sobre el ser concreto (y con los cambios genéticos, en el caso de los seres vivos) para evolucionar.

Ahora bien, la inteligencia evoluciona con la evolución: al igual que la existencia se torna más compleja y los seres vivos hacen lo propio, la inteligencia adquiere otras facultades que facilitan el objetivo de la evolución: sobrevivir. (Sin embargo, ¿quién es más inteligente: un humano que ha evolucionado o una célula que lleva 500 millones de años “felizmente” adaptada, sin evolución alguna? ¿Quién ha conseguido mejor su propósito? Todo depende de saber a dónde llegaremos nosotros, cosa que ahora mismo, por motivos obvios, no estamos en condiciones de conocer, y quien sabe si alguna vez).

A lo que iba. La inteligencia a lo largo de su camino ha adquirido diferentes facultades. Una es la ya mencionada ensayo-error, otra la capacidad de asociación (aunque pertenece más al rango de ensoñación), otra la de razonar (cuando el ser despertó a la vida y conciencia entendió el axioma causa-efecto y se guió por él), otra la de reflexionar o recapacitar (censurar), otra la de imaginar (ya propia, quizás, de los autoconscientes) y otra la de moralizar (llámese moral, llámese ética).

Asociamos a una velocidad vertiginosa. La mente habrá recorrido en tres segundos un trecho que explicado con la palabra desembrollaremos en minutos. Más, si pormenorizamos los enlaces y la imágenes que evoca el cerebro. Hacer conscientes estas asociaciones abre la persona a su propio conocimiento. Frenar el flujo de asociaciones hasta detenerlo y dirigir nuestros pensamientos de forma consciente constituye el razonar, aunque el razonamiento sea correcto o incorrecto. Censurar un razonamiento, reflexionar. Trabajar con hipótesis, imaginar…

¿En qué medida es una persona inteligente? ¿En qué medida lo es la humanidad? A veces, se oye decir que tal o cual tipo es inteligente. Por esto entiendo que consigue por un camino deseado lo que desea. No hay que engañarse ante personas que parecen actuar de forma estúpida porque, aunque los haya, y a montones, la inteligencia depende de una finalidad y la finalidad puede ser tanto el fin como el método, y si ignoramos ambos desconocemos todo lo necesario para juzgar un proceder y menos una persona (aún sería esto peor, pues generalizaríamos, con el peligro que eso conlleva).

Por lo que se refiere a la segunda cuestión, definitivamente no. Si en este mundo hay personas que mueren de hambre es que a la humanidad aún le falta alguna otra capacidad para poseer inteligencia. Y ésta es la moral, no conseguida hasta ahora porque, como decía Nietzsche, hay tantos intereses como personas. Mientras la conciencia de especie no adquiera rango vital, malo. (Al igual que las matanzas de los españoles en la conquista de América del sur, de los ingleses en la del Norte, que la expoliación de África por parte de los europeos, que el exterminio judío, al igual que todos estos fracasos, la muerte de congéneres hoy día por guerras, enfermedades y hambre debe achacarse a un fallo de la inteligencia, no a un pueblo, sino a la humanidad entera).

Vuelvo ahora al principio. Fijar el método y el objetivo, ambos como finalidad, es subjetivo. No puede ser de otra forma. Quiero hacer “X”. Se sobreentiende que lo quiero cuanto antes y que “X” o me conviene o, simplemente, es lo que deseo hacer. Si sólo deseo hacer no tiene por qué ser un movimiento inteligente. Habrá que dilucidar, entonces, si nos conviene (por lo que sea, al margen de que nos produzca placer o displacer o precisamente por ello) o no nos conviene (por lo que sea, al margen de que nos produzca placer o displacer o precisamente por ello). [Quiero hacer “X” mira a uno mismo, sin importar daños a terceros. Quiero hacer “X” matizado, manipulado o substituido por la pregunta ¿debo hacerlo? escruta si habrá daños a terceros y le obliga a reflexionar, a censurar su acción si esos males finalmente repercuten en algún perjuicio a sí mismo (en la conciencia moral o ética -a galeras-: en el 99% de ambos casos, el deseo atenazado por el miedo, el miedo que proviene de los terceros): diferencia entre libertad (hacer caso siempre a un deseo hipotecado por el miedo del debo) y el libertinaje (guiarnos sólo por las riendas del quiero, por nuestro único beneficio sin importarnos lo más mínimo perjuicios ajenos)].

Así que la pregunta final para dilucidar si el objetivo es inteligente en sí es: ¿lo que quiero conseguir me reportará el beneficio que busco y no me perjudicará en absoluto en la búsqueda del mismo fin, me conviene, por tanto? Aún cabría ampliar la cuestión a un nivel general, de especie: ¿lo que quiero, además de beneficiarme, perjudica al prójimo, le deja indiferente o le beneficia? En el equilibrio está la virtud, ¿no? Si miras por ti, en algún momento perjudicas al prójimo; si miras por el otro, te perjudicas a ti; mirar por ambos es difícil. No hay más discusión. De esto se habla mucho en la Gaya ciencia (de la utilidad, siempre entendida para otros, no para ti, aunque -digo yo- serle útil a la sociedad también pueda comportar serte útil a ti).

*

El quiero y el debo siempre están en lucha. Unas veces gana uno, otras el otro, y otras, las que más, se confunden. Porque cuando nos guiamos por el quiero, éste se convierte en debo con suma facilidad. Tal ambivalencia se debe a que no somos animales salvajes, sino civilizados (subyugados por uno que manda, que establece normas -su moral- so pena de castigo) civilizados, digo, que estamos acostumbrados a aprender con repetición y disciplina esas normas: debo, he de, tengo que. Así, por costumbre cuando quiero acabo muchas veces debiendo. Por costumbre y porque el quiero de verdad, es salvaje, caótico, y tenemos miedo a ese caos porque nos hemos acostumbrado al orden, a esa disciplina, a la tranquilidad. Justamente lo que necesita el capitalismo para medrar (pero no sólo el capitalismo moderno, el que nació a partir de la colonización europea, sino el de siempre, el que apareció con la razón, la autoconciencia y la moral): su orden y su disciplina.

El debo viene dado por una educación que intenta homogeneizarnos más de lo que ya lo estamos de por sí (mismas condiciones físicas, medioambientales, biológicas, históricas, nacionales …) Cada líder impone su debo. Cada individuo se zafa, y no siempre quiere o puede, mediante su quiero. Para que la humanidad sea inteligente, debo y quiero han de coincidir. Con un han de salvaje, es decir, un quiero universal, innato a todo ser como animal que es. ¿Es esto posible? ¿Existe uno o varios valores capaces de aunar a la humanidad que surjan de cada individuo de forma natural? Es decir, ¿hay un debo que sea un quiero? Sí.

La supervivencia. La especie busca sobrevivir. El individuo, en general, también. Al principio del texto, decía que la evolución es inteligente, pues busca la supervivencia, algo beneficioso para todos los seres humanos. ¿Los grupos sociales -países, por ejemplo- son inteligentes como para comprender eso? ¿Para querer eso? ¿Para querer continuar la evolución? Probablemente, no, porque en vez de fortalecerse sumando el quiero individual (supervivencia) al de la especie (supervivencia), topan entre sí: diferentes supervivencias topando entre sí provocan la aniquilación, principalmente (se toma a los países por individuos). Pero es que, en nuestros tiempos, esta aniquilación comienza a ser problemática para la supervivencia de la especie. ¿No nos deberíamos dar cuenta ya de que hay que poner toda la carne en el asador, de que ha llegado el momento de verter todo nuestro ser hacia ese quiero de la especie y, en vez de sólo competir, cooperar?

¿Quién será más inteligente la célula que vive "felizmente" adaptada desde hace 500 millones de años o nosotros? Sólo depende de nosotros. No hay más variables (a menos que una catástrofe natural acabe con todos los humanos).

Claro que, aunque ahora, de golpe y porrazo, el mundo se concienciara, cabría preguntarse, ¿cómo poner toda la carne en el asador? (¡Ojo!: el valor común al mayor número de personas en esta sociedad es el dinero, o, más aún, la comodidad y seguridad: seguramente no erramos cuando confundimos dinero y supervivencia).

sábado, mayo 24, 2008

¿Stop bullying? Prediquemos con el ejemplo

En el bullying, intervienen aparte del agresor y la víctima los comparsas, es decir, aquellos que no agraden pero que con su connivencia, silencio y abrigo al agresor facilitan que el maltrato continúe. En parte, lo hacen para no ser marginados del rebaño o víctimas del agresor. Desconocen que, en ocasiones, un pequeño gesto puede hacer que las cosas cambien. Desde una amonestación sencilla al acosador, como “eso que le haces a menganito no me gusta” (sopesando sus probabilidades de éxito) hasta la denuncia a un adulto (haciéndole entender que no es un chivato, si no que con su acción protege los derechos fundamentales de las personas). Los testigos del bullying acostumbran a justificarse a sí mismos con frases tales como “eso no va conmigo”. Nada más lejos de la realidad. Hay que informarles de que si insisten en su tolerancia corren el riesgo de convertirse en agresores: banalizan la violencia a fuerza de contemplarla y comprobar que nada le ocurre al agresor.

El miedo y la cobardía provocan estragos en todos los estratos sociales y a todos los niveles. Estamos hartos de ver por la tele y leer en la prensa conflictos aquí y acullá. De tantos que nos muestran nuestro cerebro se acostumbra. Devastaciones debido a la guerra, al hambre y la miseria son el pan nuestro de cada día, y aunque el mundo no sea como lo muestran los medios, esos conflictos existen y los medios, en ese sentido, no dejan de exponerlos y tratar de concienciarnos. Resignación. Eso es lo que hacemos. Justamente lo que hace la comparsa del agresor en el caso del bullying. Intentamos educar a los infantes y adolescentes en unos valores que el adulto no respeta. ¿Acaso ven a los adultos gritar por el dolor ajeno? ¿Acaso nos ponemos firmes? Como en muchos casos de bullying en los que la víctima acaba agrediendo a su verdugo, los pisoteados también un día explotarán y se rebelaran, si no lo han hecho ya.

viernes, mayo 23, 2008

Otros sentidos (PD de: El ateo)

Como anillo al dedo estos versos de Walt Whitman que acabo de leer en Canto de mí mismo (del poema 41):

"Magnificando y aplicando llego yo,
ofreciendo más, de salida, que los viejos buhoneros cautos,
tomando yo mismo las dimensiones excactas de Jehová,
litografiando a Cronos, a Zeus su hijo, y a Heracles su nieto,
comprando esbozos de Osiris, de Isis, de Baal, Brahma y Buda,
poniendo en mi carpeta a Manitú suelto, a Alá en una hoja, el crucifijo grabado,
con Odín y Mexitli, de rostro espantoso, yo todos los ídolos y todas las imágenes,
tomándolos a todos por lo que valen, ni un centavo más,
admitiendo que etuvieron vivos y cumplieron la tarea de sus días,
(trajeron gusanoa a pájaros implumes que ahora deben
salir del nido y volar y cantar por sí mismos),"

miércoles, mayo 21, 2008

El ateo

A Mónica Salomone por su artículo “¿Dios creó al hombre o el hombre creó a Dios?”, publicado en El País.

Como dice en el artículo Eloy Gómez Pellón, “la religión forma parte de la cultura de los seres humanos”. Se contradice, por tanto, con la afirmación de Carbonell, que asegura que la religión es producto de la selección natural. La religión no tiene que ver con la biología, al menos, no de forma tan directa, y por eso me alineo con la postura de Gómez Pellón.

Pero antes de continuar, objetaré que en el reportaje de ese periódico se confunda tan a la ligera religión con creencia en Dios. La religión, hasta el más devoto lo tiene que reconocer, es una construcción humana. Coincido, sin embargo, con Carbonell cuando explica la existencia de la religión: “(…)y empieza a preguntarse por qué es diferente de otros animales, qué pasa después de la muerte… Y no tiene respuestas empíricas. La religión vendría a tapar ese hueco”. Sólo que para mí ese argumento no explica en absoluto el nacimiento de la religión, sino de una espiritualidad íntima, núcleo que las religiones utilizan para su beneficio. La religión no es más que un mecanismo para controlar y construir sociedades y pueblos. La Biblia, en especial, el Antiguo Testamento, es un buen ejemplo.

Pero si lo que se discute en el artículo es la existencia de Dios… Dios es una distracción que nos impide ver otros caminos. Dios nació cuando el hombre dejó de ser sólo animal, es decir, apareció parejo a nuestra racionalidad. Hemos fabricado a Dios y otros dioses y espíritus para dar sentido a la existencia. Pero la existencia puede cobrar otros sentidos, naturalmente fabricados por nosotros, pero ahora basados en la experiencia.

PD: Por cierto de qué habla Barret cuando menciona “el fenómeno del ateísmo actual” que “es un fenómeno nuevo”. ¿Que ahora hay más o somos diferentes de los que hubo cuando el cristianismo no existía, cuando griegos y romanos se regían por otras deidades? No entiendo a qué se refiere.

PPD: Para informarse mejor: De mitos y cosmogonias, en el mismo diario.

lunes, abril 28, 2008

La fuerza del pueblo

Montmeló se volvió a llenar ayer hasta la bandera. Cuando volvía de Santa Perpetua de Mogoda, un pueblo del área metropolitana de Barcelona, coincidí en la autopista con los miles de alonsomaníacos que tornaban de la Fórmula 1. Como cada año en estas circunstancias, aerotaxis (helicópteros) iban y venían del circuito al aeropuerto del Prat. Mientras nos sobrevolaban, ignorantes a las hormiguitas que abajo trajinábamos, me preguntaba quiénes viajaban en los aparatos.

Bueno me preguntaba… Políticos, monarcas, jeques, empresarios, en fin, ricachos. La mayoría no pisa Barcelona para nada. Aterrizan en su jet privado, alquilan un taxi volador, pasean su palmito por boxes y salas vips y vuelven a Nueva York o Nueva Delhi, desde donde hayan venido. La mayoría tampoco viene a ver las carreras, sino a dejarse ver en un circo indispensable para inflar vanidad y ornamentar sus relaciones sociales.

Mientras tanto, el populacho conseguimos sobrevivir año tras año. Me pregunto (aunque tampoco esta vez me pregunte) cómo es posible que la plebe continúe vivita y coleando. Fácil, hay que pagar el queroseno de los aerotaxis y el circo romano -ora americano- con sus leones y cristianos. Pero no sólo eso. Hay que mantener por esas altitudes a los patricios. Sin la plebe que los sostiene en el aire caerían de forma fulminante.

Poco ha cambiado. La plebe continúa teniendo la fuerza. Pero no lo sabe o no la usa. De ella se ha aprovechado en algún momento de la Historia algún listo (la burguesía en la Revolución Francesa, por ejemplo). Y luego dicen que las revoluciones causan muertos. ¿Y las democracias? ¿No matan a millones? Democracia no es sinónimo de bondad, ni mucho menos. Nosotros buenos, ellos malos… ¡y un jamón! ¿No hay vía de escape? ¿El sistema de 1984 ha arribado? ¿Sólo nos queda la resignación?

viernes, abril 25, 2008

Fuera del tiempo

Imagino que un proyectil termonuclear avanza hacia el centro del tiempo, donde hace diana y desde donde al estallar provoca una reacción en cadena que finiquita el tiempo. ¡Qué a gusto me quedo! (Idea fruto de mi adicción ilimitada a la vida).

Cuando pienso que tenemos que morir, me entra la risa, por lo menos una sonrisa (tampoco una carcajada). A pesar de mi ateísmo teórico y práctico, y debido a mi formación cristiana, es imposible que una y otra vez no me venga a la mente la posibilidad de una existencia (vaya usted a saber de qué tipo) después de la Vida. Por eso digo que cuando mi raíz apostólica y romana me sorprende y pienso en el hecho de estar vivos y de que tengamos que morir, la sonrisa no la puedo evitar. ¡Y es que se me hace tan raro entonces que esto se haya de acabar para pasar a esa supuesta existencia posterior! Sencillamente, lo veo ridículo.

“La vida es ya el premio, el regalo, olvídate de veleidades que sólo culpabilizan al amante de la vida”, recita mi razón. “Qué miedo da la nada”, se encoge mi corazón. “Más aún una vida posterior”, replica mi razón.

Llego entonces a la frontera imposible hasta ahora trascender. Más lejos no sé ir. No se puede ir. Es como una columna de agua infinita, densa y, más o menos, mansa, hacia el centro de la cual no consigo acceder, tan sólo topar.

Hecho mano de la luz. A 300.000 Km/h el tiempo se detiene. Puesto que todo lo que percibimos con la vista nos arriba a esta velocidad, y porque sin embargo el tiempo transcurre a nuestros ojos, ¿no querrá decir que aquéllo de donde parte está fuera del tiempo? (Ya que tanto monta, monta tanto: un coche va respecto de una farola a 50 Km/h, o bien, la farola a 50 Km/h respecto al auto, quiero decir)

viernes, abril 11, 2008

Nietzsche y Freud (II)

Nietzsche influyó en los trabajos de Freud. La semana pasada publiqué un texto en el que comunicaba mis sospechas sobre tal afirmación. En resumen, decía que sin haber acabado la lectura de La interpretación de los sueños muchos aspectos del texto me recordaban a la filosofía del pensador alemán. Y que para contrastar mis sospechas busqué por internet y hallé un artículo interesante en el que se confirmaba este vínculo. Si hubiera sido más paciente y hubiera esperado a finalizar el ensayo de Freud, no me habría hecho falta recurrir a la red o a cualquier otra fuente para corroborar que Nietzsche influyó en el desarrollo del psicoanálisis. Justo en el tercer volumen de La interpretación de los sueños hay varias referencias al filósofo.

Para empezar la de Otto Rank, díscipulo de Freud. En el Apéndice (pág 97, Alianza Editorial) dice:
Nietzsche, al que también en este sector hemos de reconocer como precursor
directo del psicoanálisis, descubre análogas relaciones del sueño con la vida
despierta.


Más adelante, en la misma sección (pág 106), añade:
Pero la más amplia anticipación que de las teorías psicoanalíticas sobre el
sueño podemos hallar en la literatura, nos es ofrecida nuevamente por Nietzsche en un paisaje de Aurora, titulado "Vivir e imaginar", en el que se queda reconocido el sueño como un medio de la satisfacción alucinatoria de los instintos: "Acaso esta crueldad del azar [la satisfacción de los instinto] se nos representaría con colores aún más vivos si todos los instintos pudiesen ser satisfechos tan fundamentalmente como el hambre, que no se contenta con alimentos soñados; pero la parte más considerable de los instintos, esto es, lo que llamamos morales, se satisface con ello, si es lícito suponer que nuestros sueños poseen el valor y el sentido de una compensación, hasta cierto grado, de la falta accidental de tal ‘alimento’ durante el día… Estas imaginaciones [del sueño] que proporcionan a nuestros instintos… un campo de acción y una descarga -y todo el mundo puede presentar ejemplos concluyentes- son interpretaciones de nuestras excitaciones nerviosas durante el reposo, interpretaciones muy libres y muy arbitrarias… Si este texto, que, en general, suele ser el mismo una noche que otra, recibe comentarios tan variados y si la razón creadora se representa hoy, para idénticas excitaciones nerviosas, causas distintas de las de ayer, ello se debe a que el apuntador de dicha razón ha sido otro distinto del de ayer, otro instinto que se hallaba hoy en su más viva pleamar y quería satisfacerse, emplearse, ejercitarse y descargarse".

Como dice Otto Rank en una nota al final del libro en referencia a este fragmento de Aurora, “Esta teoría coincide esencialmente con la de los sueños típicos”. El psicoanalista cita de nuevo a Nietzsche al principio de la segunda parte del Apéndice, titulada: “El sueño y el mito”, con estas palabras (pág. 122): “El sueño nos sitúa en lejanos estados de la civilización humana y nos da, de este modo, un medio de comprenderlos mejor”.

Finalmente, el mismo Freud, en la página 181 dice:
Sospechamos ya cuán acertada es la opinión de Nietzsche de que el “sueño
continúa un estado primitivo de la Humanidad, al que apenas podemos llegar por un camino directo”.

Queda constatado, pues, sin lugar a dudas, el influjo de Nietzsche sobre el psicoanálisis. Quien sabe si haya sido su principal inspirador. Y esto sólo es un botón de lo que el pensamiento de este filósofo -o debería llamar despertador o demoledor y arquitecto constructor- ha supuesto.

lunes, abril 07, 2008

Leer/escribir

Me gusta leer. De hecho, me turba no poder ganarme la vida leyendo. No sólo porque así podría vivir de lo que me gusta hacer, sino porque trabajando por trabajar pierdo el codiciado tiempo que pudiera usar para leer. A veces me creo ansiedad sólo de pensar en todo lo que me falta por leer, pero, como un día me dijo un amigo, mejor darle la vuelta a la idea y ver que en toda mi vida nunca acabaré con los títulos publicados y siempre podré escoger. He leído u oído reflexiones variopintas sobre los motivos por los que las personas leen, sobre cómo o sobre qué leen. Así que, seguramente, cualquier finalidad que adujera ya sería baladí. Sin embargo, apunto dos.

La primera tiene algo de sobrenatural, aunque tenga un explicación del todo pedestre. No siempre, pero sí depende del tipo de lectura, siento que conozco un poco la intimidad del autor cuando, a pesar de haber muerto hace más de un siglo, conecta conmigo para persuadirme desde un lugar intangible donde residiera el pensar y al que yo tuviera acceso merced a sus escritos -al fin y al cabo ideas arrancadas a esa intangibilidad y fijadas en una hoja-. No siento entonces que esté muerto, sino al contrario, muy vivo, más que muchos vivos. Esto me ocurre, sobre todo, con pensamientos. Una variante de esta conexión la noto cuando un creador, en el caso de la ficción, perfila a sus personajes con tal complejidad que me hace imaginármelos vivos. (En parte, esto influye en que un relato de ficción -ya sean textos ya películas- me cause emociones como si de la vida real se tratara. Y digo “en parte” porque en el engaño por el cual el cerebro confunde realidad y ficción, hasta el punto de provocarnos una lágrima, juega un papel mucho más decisivo la calidad global de la obra).

La segunda expresa la pasión del gusto por la lectura. Se la oí a un profesor de literatura en un documental que trataba sobre Guerra y paz. Aquí la reproduzco de memoria, o sea, más o menos. El erudito dijo que la loa más grande que había oído sobre el volumen de Tolstoi fue cuando un alumno suyo bromeó con que iba a abandonar su vida pública porque estaba seguro de no vivir nunca en ella algo tan bueno como lo que la lectura de la monumental obra le reportaba. Genial. La lectura como un dulce (aunque a veces también, como a la hora de escribir, comporte sufrir). Por más que me guste la alabanza del alumno, no deja de venirme a la mente la obra de arte que es En busca del tiempo perdido, y de cómo el narrador no sólo nos describe de forma deliciosa su pasión por la vida, sino que nos invita sin quizás proponérselo (ingenuo de mí, seguramente) a ella (a la nuestra).

Pero este segundo comentario me obliga a confesar que odio leer. Porque con la lectura como refugio huyo de lo que siento que debo hacer, que es escribir. La cuestión sigue siendo qué. Como no sé a ciencia cierta qué, mis dudas crecen parejas a la angustia del paso del tiempo. Otro tanto ocurre con el modo. A menudo escribo y rescribo hasta el hartazgo, hasta ya no estar seguro de expresar de forma meridiana lo que he de decir. También tengo miedo de escribir y no decir. Con todo, es posible que prefiera leer a escribir. Porque no consigo la disciplina necesaria para escribir. Una y otra vez he intentado escribir un texto extenso y una y otra vez he desistido.

En otra ocasión, continuaré -espero- escribiendo sobre esto.

Creo recordar que alguna vez ya me he referido en otro texto a lo que diré
a continuación, pero, en fin, por si a caso, insisto. A veces he oído que con la
literatura en particular o la escritura en general no se pueden promover
cambios. No estoy de acuerdo por dos cosas. Una, por simple probabilidad:
siempre hay cambios (la vida es un cúmulo de ellos) y, por lo tanto, a veces es
difícil discernir si éste o aquél tiene su origen en una lectura, en otra o en
el consejo de un desconocido. Y dos, porque hay ejemplos: es posible ver la
lectura o escritura de un -o varios- texto (en sí las dos caras de una misma
moneda), como motor o freno de un acontecimiento, de fundación de una corriente
(la Biblia respecto al cristianismo) o de inspiración o influencia de uno o
múltiples autores. Por otro lado, no abogo tampoco por causa-efecto, sino más
bien por multicausa-multiefecto.

viernes, abril 04, 2008

Aburrimiento e idea que no sirve para nada y por eso la mento

Schopenhauer dice en El mundo como voluntad y representación que el hombre mantiene una lucha pertinaz contra el aburrimiento.

Disfruto tanto durmiendo que deseo contar las horas, los minutos y los segundos del reposo con lentitud, como transcurren los momentos más soporíferos de la existencia.

Pero no para aburrirme con ellos sino para aferrarme a la sensación en extremo placentera que parece ofrecer el mejor de los reposos en cada uno de sus instantes.

¿Soportaríamos esta exquisita embriaguez de placer pareja a tal parsimonia del devenir, o nos estallaría el cuerpo y el cráneo en el intento?

jueves, abril 03, 2008

Nietzsche y Freud

Hace seis años leí Introducción al psicoanálisis, de Sigmund Freud. Por esta obra, me compré La interpretación de los sueños, del mismo autor, pero debido a mi vagancia congénita no la he leído hasta ahora. De hecho, aún no la he acabado, voy por el terecer volumen. Sin embargo, no habiéndola acabado, una inquietud me ha concomido esta segunda aproximación al psicólogo por antonomasia. Una y otra vez diferentes conceptos a los que alude Freud me han conducido de forma inexorable a Nietzsche. Por ejemplo, la censura, a la que Freud atribuye la deformación de los contenidos manifiestos de los sueños. Lo siento, pero en este término nada más veo que Nietzsche: la moral que reprime el instinto y lo convierte en "malo", la animalidad inherente a la que todo humano le es imposible escapar.

Tanto es así que acuciado por la duda de si entre Nietzsche y Freud hubo algún tipo de influencia, bi o unidireccional, he decidido teclear ambos nombres en Google. Efectivamente, de la red ha emergido un blog en el que se habla de la influencia del filósofo sobre el psicólogo. Vale la pena leer este artículo.

Por las sinopsis de Totem y tabú y El malestar en la cultura que aparecen en La Interpretación de los sueños deduzco que en estas obras del padre del psicoanálisis aún se percibirá con mayor intensidad el influjo de Nietzsche. Serán mis próximas adquisiciones, que no lecturas, pues continúo relegando para mañana lo que puedo hacer hoy.

Arqueblogía

Los historiadores del futuro sin duda habrán de escarbar en internet para saber qué se cocía en nuestro tiempo. Si de la prehistoria no se hallan documentos escritos (característica que la define, como todos sabemos), de la sociedad de la información se encuentran en extremo (escritos, audios, videos...) cosa que la convertirá en la antítesis de la primera. ¡Cuánto trabajo espera a nuestros descendientes! Los actuales historiadores podrían ir echándoles un cable desde hoy mismo. De los blogs colegirán la cantidad de pensamiento mediático que influía en nuestra sociedad -y época- y por qué otros derroteros navegaban esas nuestras mentes, al margen del dictado social. Interesante instrumento, pues, para medir la auténtica historicidad del sujeto. ¿Qué porcentaje de nuestra persona escapa a tal, si es que lo hace?

Anexo: ¿Por qué buscadores como Google guardan durante años información sobre búsquedas de sus usuarios? Pienso que para robar ideas. Cada una de las búsquedas puede sugerir un mercado sin explotar. Así que ojo con lo que se busca.

miércoles, enero 30, 2008

Ser médico

Ni el sueldo ni la vocación explican por sí solos que haya tantas personas que ejerzan o quieran ejercer tan loable ciencia y oficio. Para que hoy día un estudiante de medicina se embarque en ese su sueño tiene que existir sin ningún lugar a dudas algo o alguien que le proteja de las continuas denuncias y juicios a las que seguro se tendría que enfrentar a lo largo de su carrera. (Defino algo o alguien: grupo de presión). No olvidemos que este oficio conlleva necesariamente la muerte de clientes.

¡Brindo por estos grupos! Y lo digo sin ningún tipo de ironía. Más, a la luz de informes como del que habla en El País el profesor de Salud Pública de la Universidad de Barcelona Andreu Segura, “Equivocarse es humano”, del Institute of Medicine (publicado, dice, hace ocho años), según el cual, una cosa son los errores y negligencias médicas (“una de las principales causas de defunción en los Estados Unidos”) y otra muy distinta la iatrogenia o la muerte debida “a las consecuencias negativas de las intervenciones sanitarias, en ocasiones inevitables”. Según el estudio al que alude el profesor, por errores médicos o negligencia, o sea, dejadez, desidia, mueren más enfermos en Estados Unidos que de cáncer de mama, sida, accidentes de tráfico y laborales juntos.

Si no existieran estos grupos, si las condenas (recordemos que se habla de errores y negligencia) arreciaran a diestro y siniestro, la profesión médica estaría desierta. El miedo a la denuncia constante haría estragos entre los profesionales(1). Harina de otro costal sería valorar si el remedio (los juicios por incompetencia, la consiguiente estampida de vocaciones y dejar a la enfermedad a su libre arbitrio) sería mejor que la enfermedad (esos índices tan elevados de muerte por la intervención médica).

En el artículo de El País tan sólo se alude a los fallos médicos y a la iatrogenia. No se dice nada de la organización de los centros sanitarios y de la salud pública. Esto es otra historia.

(1) Casualmente, justo después de escribir este texto, leo en El País un artículo sobre el caso Lamela, como se conoce a la acusación que el gobierno autonómico de Madrid presentó contra el equipo de urgencias del Hospital Severo Ochoa por supuestas irregularidades en la sedación de enfermos terminales que acabaron, según dijo el consejero en base a una denuncia anónima, con la muerte de unos 400 pacientes. Según la justicia, de eso nada de nada. Pero en fin, he aquí un caso de cómo una acusación, que no condena, a un grupo de médicos provoca el pánico en el resto(al menos, en Madrid): "Todos los especialistas consultados coinciden en que, tras la denuncia, muchos médicos dejaron de aplicar la sedación terminal y otros cuidados paliativos a enfermos que los necesitan, especialmente en la comunidad de Madrid, por temor a ser cuestionados o incluso denunciados". (Por cierto, el artículo en cuestión no tiene desperdicio en lo que se refiere a la implantación en España de cuidados paliativos a enfermos terminales)

miércoles, enero 02, 2008

Yugo que no cesa

No sé si lo digo para desahogarme o para qué. Hace unos meses que trabajo como maestro de Primaria. Y me toca los cojones. Y me toca los cojones la administración. Desde que llegué. No tienes suficiente con cada uno de tus alumnos, con Conocerlos, con Tratarlos, con Evaluarlos, con resolver sus conflictos (desde pequeñas disputas por una pelota hasta agresiones físicas), con motivarlos, con vigilar que lleguen aseados y almorzados, con tolerar niveles acúsitcos prohibidos por la UE, con hacer de vigilante, secretario, psicólogo, asistente social, programador, diseñador, ¡con construir personas!… No tienes suficiente con tratar con los padres, muchos de los cuales creen que estamos para joder a sus hijos y no se dan cuenta de que todos estamos en el mismo barco. No tienes suficiente con relacionarte con tus compañeros; suerte si te toca un claustro y/o un equipo directivo con el que te lleves bien, sino bienvenido al puto infierno. (Como si un albañil tuviera que ser constructor, arquitecto, aparejador, diseñador, vendedor, lampista, fontanero, pintor, comercial…)

No tienes suficiente. La administración te dicta cómo has de educarlos -como ellos quieren-, de lo contrario lo haces mal (no diferente a como ellos lo quieren). No les basta que existan unos objetivos lógicos para el final de Primaria; se inmiscuyen en todo tu quehacer. ¿Que tienen miedo de que salgan unos pequeños revolucionarios? ¿o unos anarquistas? Tranquilidad, esto no pasará porque ahora hay un nuevo currículum con el que buscan controlar más. Aumentan las horas lectivas de religión, dicho sea de paso. ¿Que no escuchan a los colegios? ¿Que no oyen como se les dice que se debe educar en función de los alumnos?

No les oigo decir la faena que deben hacer los maestros en sus mal llamadas vacaciones (y no quiero oír nada del rollo vocacional, eufemismo o moralina con el que se pretende ocultar la explotación) y en su horario extraescolar (claro, como todo el mundo nos ve salir a las cinco). No hablan de desconexión, no. Eso sí, maquillaje tipo suficiente o insuficiente que se vea a todo trapo en la prensa. Lástima que para muchos lo que dicta la Generalitat sea lo que la Biblia para el cristiano: fe, sin preguntas.

En secundaria, tres cuartos. Quieren premiar a los colegios con mejores resultados. Y digo yo, ¿no serán los que ahora ya poseen mejores recursos los que serán premiados? ¿los de los ricos, vaya? Claro, así el pastel se hereda con más facilidad y justicia.

Si no fuera porque, si tienes suerte y no te toca un grupo difícil (otro eufemismo que esconde expresiones desde "vigila, que no se esfuerzan" -lo más suave- hasta "vigila, que tu vida se puede convertir en un Infierno"), algunos de tus alumnos te pagan de vez en cuando con franco agradecimiento...

De todas formas, no sé si la administración conseguirá una plantilla estable con el agobio que recibimos los recién llegados. Ya avanzo que me hará falta muy poco para abandonar este barco. Lo único que por el momento me retiene es lo dicho en el párrafo anterior. Todo cambiaría si mi sensación fuera que la administración nos saludase con un bienvenido y no con la falta de confianza que nos muestran sólo entrar. Nunca había visto algo similar en otros puestos de trabajo (y he recorrido unos cuantos).

Por cierto, no haré nada de lo que me han pedido que haga para poder seguir dando clases (me han pedido un curso, un seguimiento de algún alumno conflictivo y diversos aspectos de evaluación sobre mi trabajo que inspeccionará la inspectora de turno). Prefiero ser mileurista, aunque el de maestro poco pasa de los mil euros -1.500 de media he cobrado yo hasta la fecha- que tener que trabajar así. Miento, sí haré el curso. Nada más porque en él he podido contrastar mis opiniones con las de otros interinos. Para haberlo visto: ¡más que un curso, el primer día pareció terapia de grupo!

domingo, diciembre 23, 2007

El concepto y el hombre

El hombre no es el único animal que crea conceptos, pero sí el único que tiene consciencia de ellos y los trabaja. Debido a esto descubre que existen otras formas de la realidad en principio ajenas a los sentidos humanos. Estas realidades no son subordinadas a las humanas, sino yuxtapuestas o intrínsecas. Una vez identificadas las nuevas realidades éstas quedan incorporadas al universo humano.

Por ejemplo, el ser humano ignoró durante miles de años que la luz estuviera integrada por otras ondas que no fueran la visible. Entonces nuestro universo se circunscribía al que nuestros cinco sentidos nos dibujaba. Por otro lado, también durante tiempo, no había más lugar en la creación que la Tierra y las esferas celestes con los planetas conocidos del sistema solar incrustados. Ahora bien, merced a la ciencia y a la información, nuestro concepto sobre el universo ha cambiado: se han ampliado sus fronteras tanto en su campo visible (hoy se conocen miles de galaxias) como en el campo de las ondas invisibles, mucho más extenso que el de las visibles. Una ampliación de nuestro conocimiento se ha dado en todas las materias del saber a medida que el hombre ha evolucionado.

Otro ejemplo. Nuestra consciencia indaga en la mente a modo de haz de linterna en una habitación oscura. Tenemos conciencia de aquello que iluminamos, y gracias a estos retazos construimos nuestra mente. Algo similar ocurre con la prensa. Los medios de comunicación informan sobre determinados sucesos que ocurren a diario en todo el mundo. En base a ellos tejemos una idea del mundo pero no la más fidedigna, sino la que podemos gracias a la información de que disponemos (harina de otro costal sería dilucidar si es o no la más acertada). Con la mente ocurre lo mismo que con la imagen del mundo que nos hemos trazado. Nuestra mente capta del exterior una serie de datos con los que construye su hábitat. Pero esta serie de datos no es más que una ínfima parte de los existentes que podrían ser recibidos.

El hombre, sin embargo, construye su hábitat de los datos captados por sus sentidos y de los conceptos construidos gracias a la razón y a esos datos.

La razón es una capacidad mental que nos ayuda a crecer, a descubrir los vericuetos de la existencia. Si observamos cómo ha medrado nuestra conciencia a lo largo de la historia es fácil darse cuenta que ésta ha ido de lo pequeño a lo grande, de una conciencia animal a una racional. ¿Por qué debemos esperar que hayamos tocado techo? ¿Por qué, además, debemos esperar que la razón, por ejemplo, sea la última habilidad superior que tenga el ser vivo que somos para conocer?

Pero, un momento. ¿Todo lo que hemos construido es real? Sin razón, la ciencia no existiría pero tampoco la moral. ¿La teoría de la relatividad continuaría existiendo? Ciertamente no, porque no deja de ser una aproximación, aunque muy buena, a la explicación del modo, si lo hay, por el cual se rige el universo. Pero supongamos que esta teoría siempre funcionara. Entonces, lo lógico sería pensar que al margen de la humanidad y la razón esta teoría existiría de por sí, no sería un mero concepto humano. Sería ley. En cambio no ocurre lo mismo con la moral. Ésta no existiría si la razón no existiera. Es más, da la sensación de que el nacimiento de la una y de la otra vayan parejos. Es más, a miles de Razones miles de Morales. La moral al igual que el sentimiento de culpa no pudieron surgir sin la razón. (Finalmente, una pequeña digresión: ¿Pero hay realmente razón sin ninguna moral? La humanidad no puede ser inteligente, si lo fuera, hace ya tiempo que tendríamos otros quehaceres en lugar de masacrarnos, por ejemplo. Pero es que es posible que fuera al revés y que estemos tratando de recorrer el camino de la moral de lo pequeño a lo grande. A medida que cobramos conciencia de los problemas y poderes ajenos nuestra moral, cualquiera que fuera, se ocupa más de ellos. No obstante, todo esto no deja de ser más que conceptos, sentidos que buscamos a la existencia en un mundo en el que, en principio, comprobamos que se mueve por la ley de causa y efecto.)

PD: En este mundo sólo un gobierno de izquierdas es ético, siempre y cuando el término izquierdas no esté corrompido.

miércoles, enero 24, 2007

Sobre la tradició

Que què fem amb la tradició? N’hi ha molt a dir. Sobretot, que podem canviar-la. Malgrat que no tota és “dolenta”, n’hi ha vessants que suposen un llast.

Però em vull delimitar a la moral, un aspecte de la tradició que forma part de la persona, la qual neix, creix i s’educa a un poble que pertany a una nació, un país, una cultura, una civilització i una època molt diferents a d’altres civilitzacions i èpoques. Per mirar d’entendre com es construeix el nostre “superjo”, em referiré a un experiment que van fer uns científics amb un grup de ximpanzés.

Vet aquí que van engabiar-los tots plegats al costat d’una escala al damunt de la qual hi havia un suculent plàtan. L’ham estava servit. Què millor que la crida primària de la vida -el plaer i la supervivència- per ensarronar-los. Vés per on que cada cop que algun dels micos s’hi enfilava, els déus-científics els rajaven amb un doll d’aigua (a tot el grup, fos un o més els que tractaven de menjar-se la fruita prohibida).

Lògicament, els primats no són tant intel·ligents com els humans, però entenen la relació causa-efecte. Total, després d’uns quants intents, cap dels micos no gosava apropar-se ni tan sols a l’escala. Aleshores, els déus van decidir canviar un dels individus per un altre que mai no havia estat amb el grup. Resultat: no va caldre tirar-los més aigua perquè la resta de companys, els que coneixien el càstig dels esperits ocults de la natura, es van encarregar d’apallissar el pobre nouvingut.

Però els déus estaven ensopits. Així que van continuar l’experiment substituint vells inquilins per altres de nous. Un a un. Al final, a tota la garjola cap dels ximpanzés mai no havia tastat el càstig dels déus. Tanmateix, cada cop que introduïen un de nou i intentava fer-se amb el fruit del pecat original, la resta l’esbatussava.

Qui té el poder estableix el joc i hi dicta les regles, el “seu” bé i el “seu” mal. Si bé abans afirmava que els éssers humans són més intel·ligents que aquestes bèsties, també és cert que no deixem de ser animals i que actuem molt sovint per rutina, per costum... per tradició, sense qüestionar-nos d’on provenen o per què seguim determinades normes.

lunes, octubre 23, 2006

Em repeteixo

L’home du sobre la Terra un milió d’anys. Fa tan sols 50 que es van descobrir les bombes atòmiques i una mica més de 40 que els primers astronautes van solcar l’espai. Imaginar-me on ens haurà dut la tecnologia d’aquí a cent, mil o un milió d’anys em provoca un vertigen gairebé esglaiador. Això sí, si abans no hem enviat tot plegat a pastar fang.

Una cosa tinc clara: que l’home no és una culminació, tal com les religions acostumen a veure’l. L’home passa, és un procés o un esglaó més de l’evolució. Derivarem a d’altres espècies que poc o res tindran a veure amb l’home actual (hi aportarem el mateix que ens aporta a nosaltres qualsevol dels nostres ancestres). I un punt d’inflexió d’aquesta evolució el tenim a tocar: l’espai. La gravetat zero provocarà (i ja provoca, pensem en l’atrofiament dels músculs en els cosmonautes –que no és res més que una adaptació a un nou medi) provocarà, dic, canvis no circumstancials sinó substancials en la nostra fisiologia, que al capdavall ampliaran la nostra consciència i concepció de l’existència. Tal com els va provocar el pas del medi líquid a l’aeri.

El terme vida segurament quedarà empetitit per descriure totes les dreceres del que hom nomena creació. La religió va servir per arribar on som ara, i hi pot servir de consol per a molta gent. Però som suficientment madurs per adonar-nos que hi ha un camí (i això sense voler sostreure a la natura la seva innocència) no només individual sinó col·lectiu que va més enllà de la pau perpètua?

Figues d’un altre paner és preguntar-se el perquè d’aquest camí. Segurament, no sigui res més que una altra mala passada de la raó humana, com quan fabrica una munió de pensaments transcendents sense cap ni peus: morals divines o individus unitaris. El món és així i punt. Si tenim aquestes idees és únicament i exclusiva perquè tenim raó. Sense aquests mons ideals, però, que només existeixen al nostre cap, l’home encara continuaria a la selva o s’hauria extingit. De nosaltres depèn adonar-nos que la natura “vol” evolucionar i que, ja que en som conscients, intentem afavorir-la.

L'última vegada que es va produir un salt qualitatiu en l’evolució (el pas de la vida a la vida autoconscient), l’estómac ens va salvar de l’extinció. Ara és el torn de la raó?

lunes, octubre 09, 2006

El triomf de la inconsciència

Corea del Nord s'ha sortit amb la seva. Malauradament, ha optat per demostrar que tenia capacitat per llançar bombes atòmiques, almenys amb un abast suficient per fer diana als seus enemics regionals, com a via per protegir-se de l'exterior (allò de l’equilibri de forces). Ni la pressió dels sis implicats (EUA, Rússia, la Xina (1), el Japó i les dues Corees) ni el front comú que en el últim moment, a la desesperada, van acordar Pequín i Tòquio per obligar Pyongyang a tornar a la mesa de negociacions i frenar la prova nuclear han tingut l'èxit desitjable. Conseqüències: el Japó no trigarà gaire a canviar la seva Constitució pacifista.

Ja són molts els països amb armament nuclear i capacitat d'ús: els EUA (l'únic que l'ha emprada en un escenari bèl·lic), Rússia, França, la Xina, el Regne Unit, Israel, el Pakistan i l'Índia. També se sospita que Sud-àfrica en tingui. I l'Iran ho intenta a corre-cuita. Però tot i que Teheran sostingui que el seu programa d'enriquiment d'urani té finalitats pacífiques (per autosuficiència energètica), el cert és que l'Iran és un dels majors països productors de petroli i gas. Així que per energia...

Sigui com sigui, en el tauler d’escacs mundial n’hi ha suficients fronts calents com perquè una guspira en qualsevol d'ells ho enviï tot plegat a pastar fang. L’Orient pròxim, el mitjà, el llunyà; el terrorisme internacional; els conflictes oblidats, l’Àfrica oblidada i el polvorí sud-americà; la fam, les malalties curables al primer món i incurables al Tercer; els desastres naturals, amb conseqüències ben diferents si passen a països pobres o rics; i etc.

Ens adonem de nosaltres mateixos i de si tenim una meta comuna? No, evidentment. Perquè hi ha a molts que no els interessa. Estan més còmodes legitimant la confusió entre poder estratègic i econòmic amb seguretat personal.

(1) Amb quina autoritat moral països com els Estats Units poden reclamar a un tercer que abandoni el seu programa nuclear? Ni tan sols els EUA predicaria amb l’exemple, i desmantellaria el seu arsenal nuclear, si tota la resta de nacions en fessin el propi. No aprenem de la història i després dels EUA emergirà una altra potència. Sembla que la Xina hi té tots els números. I la roda gira i gira.

miércoles, septiembre 20, 2006

Benedicto XVI y el discurso de marras

“No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo.” (Voltaire)

Que Benedicto XVI sabía exactamente lo que decía cuando citó el pasaje del diálogo entre el Emperador bizantino Manuel II Paleólogo y el erudito persa se deduce del mismo discurso papal cuando sostiene: “Quisiera tocar en esta lección solo un argumento –un tanto marginal en la estructura del diálogo– pero que, en el contexto del tema “fe y razón” me ha fascinado”. ¿Por qué si no apunta “un tanto marginal”? Quiere quitarle hierro al asunto, que sabe que podría tenerlo, y por lo tanto lo ha pensado, o al menos quienes le escriban el discurso.


Ahora bien, que supiera que iban, no a haber críticas, que seguro que lo supuso, sino a haber iglesias atacadas –y por cierto, pocas o ninguna católicas- y manifestaciones por todo el mundo islámico (incluso quizás la muerte de una monja en Somalia), es otro cantar. El papa se ha disculpado, aunque no explícitamente, hasta tres veces (en la última, personalmente). Pero ¿por qué tiene que disculparse? ¿Tenemos que disculparnos por decir lo que pensamos? Depende.

Depende de quién lo diga y de cuándo lo diga y de cómo lo diga. El papa es persona, pero resulta que es el jefe de la Iglesia católica (1), no es un informático ni un peluquero ni un verdulero. Supongo que todo el mundo recuerda la famosa crisis de las caricaturas de Mahoma. Entonces también se defendió desde la Unión europea la libertad de expresión, pero se invitó a los medios de comunicación a ser responsables.

¿Ha faltado esta invitación a la responsabilidad en el caso del papa o sobró entonces en la crisis de las caricaturas? Que existe una tensión entre el mundo islámico y el occidental es patente. Y aunque en el mundo islámico se disfrace de guerra de religiones o de culturas, todos sabemos que se trata de poder económico y estratégico. Pero lo cierto es que sea por lo que fuere, la tensión está ahí. Y eso todo quisqui lo sabe.

Y todo quisqui no se limita a Occidente. También el Próximo y el Medio Oriente lo saben. La tensión la padecen más que nosotros, de momento, en forma de guerras en sus países, por ejemplo. En los dos “bandos” se sabe que existe un conflicto y de los dos depende no echar más leña al fuego y de tratar de solucionar el que ya está encendido. Tanto unos como otros debieran de decirse las cosas claras y a la cara, cosas que por otro lado, todos conocemos.

En la lección que impartió Ratzinguer en la Universidad de Ratisbona también explicó que, según el editor de las conversaciones entre el emperador y el erudito a las que se había referido, el Islam y la razón no van unidos: “Para la doctrina musulmana, en cambio, Dios es absolutamente trascendente. Su voluntad no está ligada a ninguna de nuestras categorías, incluso a aquella de la racionalidad.” Personalmente, por ejemplo, de raíces cristianas, aunque posteriormente declarado apóstata, comulgo más con la visión islámica en este punto. La razón no puede explicar ninguna trascendencia, ni justificarla ni legitimarla. Sólo la fe vale.

[1] El papa se mostró compungido por las reacciones que aquella parte de su discurso causó. Si pronunció la cita con mala intención ¿dónde está la moral cristiana? Si lo dijo con buena intención, este es un ejemplo más de cómo hacemos divisiones tan maquiavélicas entre el bien y el mal. Lo que para unos era bien, para otros mal. Aunque hagamos el bien, otros recibirán el mal de nuestras acciones.